Una bolsa de suero y un calcetín: el resto es historia
El entusiasta del ciclismo Michael Eidson competía en la Hotter’N Hell 100, y ese nombre describe perfectamente la prueba hasta el día de hoy: una carrera de ruta de 100 millas, disputada durante cuatro días bajo el implacable calor del verano en Wichita Falls, Texas. El agua es vital para sobrevivir a la carrera, pero hay pocos lugares para rellenar y, además, casi no hay tiempo para detenerse.
Eidson, paramédico de profesión, ideó una solución sobre la marcha: llenó una bolsa de suero con agua, la metió dentro de un calcetín tubular blanco (sí, un calcetín de verdad) y colocó todo el invento en la parte trasera de su jersey de ciclismo. Luego pasó la manguera por encima del hombro y la sujetó con una pinza para ropa.
Así nació la hidratación manos libres. Y con ella, CamelBak.